Ideas viejas, ideas nuevas


Bajo este blog se quieren amparar ideas del espíritu TED, ideas que motiven a hacer de nuestro mundo un lugar mejor, ideas que merezcan la pena difundir y esto vengo a compartir en este artículo “robado” del célebre premio nobel; Mario Vargas Llosa, una idea digna de divulgar, una idea que nos hace reflexionar, de esos artículos que provocan un debate interno.

Este artículo lo escribió Vargas Llosa para la edición conmemorativa del IV centenario Cervantes de Don Quijote de la Mancha, editado por la RAE y la asociación de academias de la lengua española, por cierto, edición que recomiendo sin reservas, donde a parte de una gran cantidad de explicaciones y notas, diversos autores tratan temas al inicio que no tienen ningún desperdicio.

 Pido a todos las personas que leen estas líneas que no den ninguna connotación política a este artículo, ya que no la tiene. Vargas Llosa, no trata de política sino de cultura.

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LAS PATRIAS DEL QUIJOTE

¿Cuál es la imagen de España que se levanta de las páginas de la novela cervantina? La de un mundo Vasto y diverso, sin fronteras geográficas, constituido por un archipiélago de comunidades, aldeas y pueblos, a los que los personajes dan el nombre de “patrias”. Es una imagen muy semejante a aquella que las novelas de caballerías trazan de los imperios o reinos donde suceden, ese género que supuestamente Cervantes quiso ridiculizar con Don Quijote de la Mancha (más bien, le rindió un soberbio homenaje y una de sus grandes proezas literarias consistió en actualizarlo, rescatando de él, mediante el juego y el humor, todo lo que en la narrativa caballeresca podía sobrevivir y aclimatarse a los valores sociales y artísticos de una época, el siglo XVII, muy distinta de aquellas en la que había nacido).

A lo largo de sus tres salidas, el Quijote recorre la Mancha y parte de Aragón y Cataluña, pero, por la procedencia de muchos personajes y referencias a lugares y cosas en el curso de la narración y de los diálogos, España aparece como un espacio mucho más vasto, cohesionado en su diversidad geográfica y cultural y de unas inciertas fronteras que parecen definirse en función no de territorios y demarcaciones administrativas, sino religiosas: España termina en aquellos límites vagos, y concretamente marinos, donde comienzan los dominios del moro, el enemigo religioso. Pero, al mismo tiempo que España es el contexto y horizonte plural e insoslayable de la relativamente pequeña geografía que recorren don Quijote y Sancho Panza, lo que resalta y se exhibe con gran color y simpatía es la “patria”, ese espacio concreto y humano, que la memoria puede abarcar, un paisaje, unas gentes, unos usos, y costumbres que el hombre y la mujer conservan en sus recuerdos como un patrimonio personal y que son sus mejores credenciales. Los personajes de la novela viajan por el mundo, se podría decir, con sus pueblos y aldeas a cuestas. Se presentan dando esa referencia sobre ellos mismos, su “patria”, y todos recuerdan esas pequeñas comunidades donde han dejado amores, amigos, familias, viviendas y animales, con irreprimible nostalgia. Cuando, al cabo del tercer viaje, después de tantas aventuras, Sancho Panza divisa su aldea, cae de rodillas, conmovido, y exclama: “Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelven a ti Sancho Panza tu hijo…” (II,72,pág. 1093).

Como, con el paso del tiempo, esta idea de “patria” iría desmaterializándose y acercándose cada vez más a la idea de nación (que sólo nace en el siglo XIX) hasta confundirse con ella, conviene precisar que las “patrias” del Quijote no tienen nada que ver, y son más bien írritas, a ese concepto abstracto, general, esquemático y esencialmente político, que es el de nación y que está en la raíz de todos los nacionalismos, una ideología colectivista que pretende definir a los individuos por su pertenencia a un conglomerado humano al que ciertos rasgos característicos –La raza, la lengua, la religión- habrían impuesto una personalidad específica y diferenciable de otras. Esta concepción está en las antípodas del individualismo exaltado del que hace gala don Quijote y quienes lo acompañan en la novela de Cervantes, un mundo en el que el “patriotismo” es un sentimiento generoso y positivo, de amor al terruño y a los suyos, a la memoria y al pasado familiar, y no una manera de diferenciarse, excluirse y elevar fronteras contra los “otros”. La España del Quijote no tiene fronteras y es un mundo plural y abigarrado, de incontables patrias, que se abre al mundo de afuera y se confunde con él a la vez que abre sus puertas a los que vienen a ella de otros lares, siempre y cuando lo hagan en son de paz, y salven de algún modo el escollo (insuperable para la mentalidad contrarreformista de la época) de la religión (es decir, convirtiéndose al cristianismo).

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Autor: Ivan García

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